I try so awful hard, but I can´t change

miércoles, 12 de mayo de 2010

Pero él había desaparecido. Había dejado pistas sólo para mí, como si fuese un mensaje secreto: me marcho.
¿Por qué?
¿Acaso merece la pena responder a esta pregunta?
No. Ya que en la respuesta está escondida mi propia incapacidad para mantener a mi lado al hombre que amo. ¿Vale la pena buscarlo para convencerlo de que vuelva conmigo? ¿Implorar, mendigar otra oportunidad?
Parece ridículo: es mejor sufrir como ya he sufrido antes, cuando otras personas a las que amé acabaron dejándome. Es mejor lamer mis heridas, como también hice en el pasado. Pasaré algún tiempo pensando en el, me convertiré en una persona amarga, irritaré a mis amigos porque no tengo otro tema de conversación que no sea su abandono. Intentaré justificar todo lo que pasó, pasaré días y noches reviviendo cada momento a su lado, acabaré por concluir que fue duro conmigo, que siempre he intentado ser y hacer lo mejor. Conoceré a otros hombres. Al caminar por la calle, a cada momento me voy a cruzar con una persona que puede ser el. Sufrir día y noche, noche y día. Esto puede durar semanas, meses, tal vez más de un año.
Hasta que cierta mañana me despierto, me doy cuenta de que estoy pensando en algo diferente y comprendo que lo peor ya ha pasado. El corazón está herido, pero se recupera, y consigue ver la belleza de la vida otra vez. Ya ha pasado antes, volverá a pasar, estoy seguro. Cuando alguien parte es porque otro alguien va a llegar; encontraré otra vez el amor.

No hay comentarios: